Empezaré citando a Pedro Guerra “Proceso normal, ningún drama interno”
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Cuando los granos eran complejos y crecíamos arropados por los demás, la vida fluía de manera simple, no había tardes de presión ni noches desoladas, mucho menos existían los latidos acelerados que dan las miradas de mujer cuando se cruzan por las aceras de enfrente. Yo vivía así, encerrado en mi mundo de plastilina; correteábamos los ocasos a ver quién podía alcanzar el sol, nos raspábamos las rodillas por placer y carecíamos de sombra como el niño Peter Pan; nos gustaban las tardes y las mañanas y los cantos de las aves y los sueños que se anidaban en nuestros brazos; nos amábamos más a nosotros mismos que a los demás…
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Como es predecible, crecimos, y se fueron con ello, los años, el tiempo, el ocio, el juego, los amigos (y gracias a dios, permítanme que les diga, mi mundo de plastilina).
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Y así, nos fuimos por la vida, retomando identidades, brincando como sapo de un helecho a otro, tratando de buscar la estancia predilecta y el espacio para sacarnos la panza y echarnos a reír. Los complejos también se fueron y solo quedó la formación de lo que somos ahora, o de lo que siempre quisimos ser.
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Entre esos helechos me encontré las risas más sonoras, las lágrimas más pesadas y los amores que se fueron poco a poco quedando en el pasado, siempre como una calca fluorescente que está sin estarlo (¿Cómo negar a tantas bocas que fueron mías y ahora lo han dejado de ser?) esos recuerdos siempre estarán en los lugares debidos; Pero hubo un helecho que me llamó la atención, en ese me encontré risas de más, amigos de esos de madrugada, caballitos llenos de tequila, letras empapadas de rimas, cuerdas y nudos y años y azares y ases bajo la manga, también descubrí que no era el único que tenía temor a crecer… y simplemente en ese helecho, me hospedé de pensión.
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Después vinieron dos, tres caídas, (lo normal diría yo) y descubrí que la resaca del oleaje se puede llevar mucho pero deja más de lo que se roba, y así, con tachones en los corazones y en alma, me fui abriendo camino para llegar a ser la milésima parte de lo que quiero ser, pero sigo aquí en el camino, luchando como salmón a contracorriente, empolvándome en los caminos y cada vez que puedo, me enlodo de recuerdos como el que hoy estoy añorando.
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También hubo viajes, clase turista “of course”, y escenarios, y cuartos de hoteles vacíos, y autógrafos y tantas cosas que se dan tras bambalinas. Y hubo la contraparte, los odios, el cansancio, los ascos a los tragos en los bares de menos tres estrellas y las incómodas sábanas en los cuartos de menos 16.
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Todo es parte del “show” y no me quejo…
Yo te pregunto a ti, ¿Y tú te quejas?